Capítulo 58: Mi gran amigo Gor (III)

Aquí tenéis, como os prometí. No os entretendré mucho por ahora. Ya os lo contaré todo más abajo. Ahora, solo disfrutadlo!

Por si acaso, capítulos anteriores:

Primero: Mi gran amigo Gor (I)

Segundo: Mi gran amigo Gor (II)

Domingo 14 de Abril

Diario, como puede un día empezar tan bien y acabar de forma tan desastrosa? Esta mañana, todos en la casa nos levantamos muy muy temprano para poder ir de excursión al campo. Yo estaba teniendo un sueño muy bonito en el que toda la clase le tiraba huevos a Wendy, cuando mi madre me zarandeó. Me dijo que fuera a desayunar, que pronto nos iríamos al campo. Comimos rápido entre bostezos, cogimos nuestras mochilas y salimos todos juntos hacia la aventura.

Todo fue tan deprisa que no tuve tiempo a despedirme de Gor ni a decirle adonde iba, como tenía planeado ayer. En ese momento no me preocupaba, pues no le daba mucha importancia a lo que ese cura nos había contado. Quizás debería haberlo hecho.

El caso es que el paseo por el campo fue muy bien: hacía un sol radiante sin apenas una nube y a pesar de que la noche anterior había llovido un montón, por lo que la hierba estaba aún muy fresca. Nos encontramos unos cuantos caracoles rezagados con los que me puse a charlar un rato, hasta que me llamaron mis padres. Después estuvimos jugando con la pelota, saltando de un lado para el otro, corriendo… En cuestión de minutos mis padres quedaron agotados, así que hicimos una pausa y nos comimos nuestros bocadillos. Mientras ellos hacían la siesta bajo un árbol, yo me fui a perseguir las mariposas que había revoloteando entre las flores. Casi pillo a una que estaba desprevenida, pero se me escapó de entre la manos por muy poco…

En fin, al cabo de nada mis padres se desperezaron y dijeron que ya era hora de volver. Yo estaba de acuerdo: tenía los pies muy cansados, la gorra sudada y esa tarde hacían un especial de dibujos en la tele que no me quería perder, así que regresamos por el mismo camino hacia casa. Pero no podíamos intuir lo que nos esperaría allí.

Nada más entrar, nos quedamos paralizados. Toda la casa estaba patas arriba: platos, jarrones, fotografías, cuadros, muebles, cazuelas, todo tirado por el suelo. Parecía como si hubiera habido una tormenta por toda la casa, apenas quedaba nada que no estuviera tumbado o roto. Fuimos rápidamente a preguntar a la señora Flitwick, por si sabía lo que había pasado. Nerviosa, nos contó que había notado un temblor muy fuerte, como si hubiera habido un terremoto. Además le pareció escuchar algo parecido a un grito proveniente de nuestra casa, aunque dijo: “No me hagan mucho caso, mis oídos ya no son lo que eran…”, tratando de aparentar tranquilidad.

Al volver a casa, aprovechando que mis padres estaban ocupados recogiéndolo todo, me escabullí hacia el sótano, preocupada por si le había pasado algo a Gor. Cuando llegué allí, no me costó nada encontrarlo, pues habían desaparecido prácticamente todas y las estanterías y objetos. Lo poco que quedaba, estaba esparcido por el suelo y casi roto. Gor se hallaba en una esquina, de cara a la pared, medio encogido a causa de su tamaño. Y fue cuando me acerqué preguntándole si estaba bien, cuando me fijé en las paredes. Había unas grietas y marcas en ellas, parecidas a las que alguien dejaría si las hubiera estado golpeando. Alguien con una gran fuerza y unas manos grandes como una rueda de camión.

“Gor, qué ha pasado aquí? Has sido tu quien ha causado todo esto?” le pregunté, con voz temblorosa. Pero el seguía sin responderme, mirando fijamente en la pared, como si no me hubiera oído. Me fui acercando lentamente y empece a oir un ruido familiar. Crec. Un chasquido parecido al que había escuchado la primera vez que fui al sótano. Crec. Aunque a la vez totalmente diferente. Crec. Pero a pesar de ello yo ya sabía qué lo provocaba. Crec. Gor estaba royendo algo.

Cuando fui a preguntarle qué era, me fijé en un objeto que había en el suelo, justo al lado de mis pies. Parecía una moneda dorada, enterrada bajo un trozo de estantería podrida, pero cuando me agaché para cogerla, vi que había algo más bajo la madera, así que tiré de ella. Al sacarla, comprobé moneda se encontraba atada a una cinta azul medio rota. Entonces comprendí que la moneda era en realidad un insignia, aquello era un collar como el que llevan los perros.

“Como ha llegado hasta aquí?” pensé “los antiguos dueños tenían un perro?”. Pero apenas tenía polvo y parecía más nueva que todos los otros trastos del sótano. Extrañada, la examiné más de cerca y entonces me fijé que en el reverso de la insignia había apuntada una dirección, por si se perdía el perro. Al leerla, se me cayó el alma a los pies: era la casa de al lado, la de la señorita Flitwick. Aquel era el collar de su perro perdido.

Me giré lentamente hacia Gor y, al mismo tiempo, Gor giró su cabeza hacia mi. Y puede comprobar lo que estaba royendo.  Grité, dejé caer el collar y salí corriendo del sótano sin vacilar. Mis padres vinieron preocupados y preguntando qué pasaba, pero yo les dije que había tropezado en la oscuridad y me había asustado. Eso les tranquilizó, pero no les convenció para no echarme la bronca por escaquearme de ordenar la casa.

Para cenar, había muslitos de pollo, aunque yo apenas pude probar tres bocados antes de salir corriendo al lavabo a vomitar. Mi madre, preocupada, dijo que posiblemente fuera algún tipo de gripe y lo mejor era llevarme a la cama. Yo ya sabía que no era nada de eso, pero accedí de todos modos para poder escribir tranquilamente en ti y no tener que cenar. Al rememorarlo ahora, casi vuelvo a vomitar… Aquellos huesos de pollo me recordaban demasiado lo que había visto aquella tarde: la mandíbula de Gor royendo un hueso casi tan grande como mi brazo. Un hueso de perro.

Lunes 15 de Abril

Diario, no se si podrás comprobarlo, porque no tienes ojos ni nada parecido, pero ahora mismo estás en mi colegio.

Esta mañana, por alguna extraña razón, te he sacado de tu escondite debajo del colchón y te he puesto en la mochila, junto a los deberes. No se a que ha venido este impulso, pero me alegra tener alguien que me haga compañía, porque ahora mismo me siento muy sola.

La noche anterior apenas pude dormir, preocupada como estaba por Gor. Y si el Padre Meadow decía la verdad? Y si pudiera resultar peligroso? Ya se había tragado a un perro, cuanto tardaría en empezar a comer personas? Todas esas preguntas danzaban en mi cabeza una y otra vez sin encontrar respuesta y apenas pude conciliar el sueño un par de horas. Por eso me quede dormida en clase varias veces y los profesores, normalmente amables y sonrientes, hoy me han regañado y fruncido el ceño en señal de desaprobación.

Rossy enseguida ha notado que me pasaba algo, y me ha preguntado qué es lo que era. Yo le dije que se lo contaría en el recreo, pues aún no le había contado nada sobre Gor y tampoco quería que se enterara toda la clase de mi problema. Allison estaba sentada a mi lado y ella tiene unos oídos muy sensibles cuando se trata de chismorreos…

Nada más sonar el timbre del recreo, lleve a Rossy a un rincón apartado y empecé a contarle todo sobre Gor. Como lo había conocido, lo que me contó el Padre Meadow, el incidente de ayer, todo. Al principio parecía muy animada por el secreto, pero a medida que iba avanzando la historia, su sonrisa se fue marchitando poco a poco, hasta que no quedó rastro de ella. Cuando acabé le dije que estaba muy confusa, que no sabía que hacer y que si podría ayudarme. Ella se rió y me dijo: “Es una broma, verdad? No esperaras que me crea todo eso?”. “No es una broma! Es de verdad, te lo juro! Tienes que ayudarme!”, le contesté en tono suplicante. “Qué te has creído, que soy un bebé!? No intentes tomarme el pelo!” me chilló. Y se fue corriendo. Y yo me quede sola.

Y aquí estoy, en mitad del recreo, escribiendo sola en un rincón. Como ha podido ocurrir todo esto, diario? La semana pasada tenía a Gor y a Rossy para apoyarme, pero ahora solo me quedas tú. No entiendo como ha pasado… El sábado Gor estaba perfectamente y ayer de repente se puso de ese modo… Como si fuera el Gorshlack del que hablaba el cura… Qué fue lo que cambió en él ese día? Quizás fue la excursión al campo… A Gor quizás le hubiera gustado venir con nosotros (aunque obviamente no puede, porque le da miedo la luz) y no quedarse en casa solo…

Eso es! El Padre Meadow dijo que Gorshlack era un demonio de soledad! Aquella mañana no pude ir a saludarlo como de costumbre y por eso estaba de tan mal humor! Gor se transformó en Gorshlack e hizo todas esas cosas malas sin querer, como los hombres lobo de las pelis. Solo necesita no estar solo y volverá a ser el Gor de siempre!

Aunque eso significa… Que ahora debe estar muy enfadado, porque esta mañana tampoco fui a hablar con él, ya que me daba demasiado miedo. Oh no! Tengo que llegar a casa temprano, antes de que ocurra algo malo… Deséame suerte, diario!

Martes 16 de Abril

Querido diario, todo ha acabado. Ayer, cuando volvía corriendo hacia casa y apenas quedaba cruzar una esquina, noté que algo malo estaba pasando: sentí un súbito temblor bajo mis pies. Aceleré el paso hasta llegar a mi calle, temiendo lo peor. Pero lo peor ya estaba pasando: Gor se encontraba en mitad de la calle, desierta y silenciosa. Permanecía de pie y era enorme, medía casi tanto como las casas del vecindario. Alzó sus brazos y lanzó un grito tan fuerte y grave que retumbó en mi pecho un buen rato.

Entonces oí una voz detrás mío que decía: “Apártate demonio impío! Regresa a la oscuridad de la que provienes!”. Me giré al reconocer esa voz: era la del Padre Meadow, que empuñaba una de esas cruces religiosas como arma. En respuesta, Gor volvió a rugir y se dirigió hacia él, mientras el cura iba recitando con los ojos cerrados cosas que no llegaba a comprender de tan rápido que iba. Yo estaba paralizada por el miedo, no sabía que hacer. Entonces Gor alargó la mano para cogerlo, pero cuando estuvo lo suficientemente cerca, el padre abrió los ojos y todo él despidió un aura de luz tan intensa que tuve que cerrar los ojos  para no dañármelos .

Lo siguiente que oí fue el grito de Meadow y cuando volví a abrir los ojos, éste estaba volando por los aires. Por suerte, aterrizó sobre unas bolsas de basura, que amortiguaron su caída. Pero a pesar de ello, le sangraba la cabeza y resoplaba con fuerza. Yo estaba en estado de shock, no podía creer lo que estaba pasando, todo lo que pasaba delante de mi era como si perteneciera a otro mundo. Mientras, Gor se acercó a él con paso lento, pasando a mi lado sin mirarme, y estaba a punto de agarrar al padre cuando algo se encendió dentro de mi. Una llama de valor, furia y justicia al mismo tiempo.

Fui corriendo hacía él, mis pies apenas tocando el suelo, y me abrace a su pierna. El extraño tacto seguía siendo el mismo de siempre, aunque sin la sensación reconfortante que recordaba. Y entonces le dije a Gor: “Por favor, no lo hagas… Tu no eres malo, Gor… No tienes porqué hacer estas cosas… Por favor, Gor…” le supliqué sollozando, “No lo hagas, así solo empeoraras las cosas… Se que es horrible estar solo, pero no le hagas daño a la gente por eso, Gor… Así solo conseguirás que huyan de ti… No seas malo, Gor…”.

Entonces me di cuenta de que Gor estaba quieto, muy muy quieto. Se había quedado parado, como si fuera una estatua. Lentamente, giró su cabeza hacia mi y me miró con sus ojos blancos y sin pupila. Me pareció a notar un poco de culpa en ellos. Mientras, el Padre Meadow, que seguía malherido, se levantó y acabó de recitar un canto. Entonces la luz volvió a llenarlo todo y yo me sumergí en ella y sentí una cálida placidez. Cerré los ojos, dejándome llevar por esa sensación y perdí el conocimiento.

Cuando me desperté, ya era de día, estaba en la cama de un hospital y tenía a mi madre y a mi padre a mi lado, aliviados de que me despertara. Y me contaron lo que les había dicho el Padre Meadow: que hubo una explosión de gas en el sótano, que yo me caí a causa de los temblores y que él, pasando de casualidad por el barrio, me encontró en el suelo y me llevó al hospital. Por suerte yo estaba bien, solo tenia una ligera contusión en la cabeza y nada más.

Como mis padres estaban trabajando esa tarde y no vieron nada de lo ocurrido, se creyeron de pies juntillas las mentiras del sacerdote. No dejaban de alabarlo e incluso mi padre, que odia a los curas, aseguró que estaría eternamente en deuda con él.

También me comentaron que fuera a verlo lo antes posible a su parroquia, pues tenía algo importante que decirme. Yo ya sospechaba que sobre qué seria. Así que esta misma tarde ya salí del hospital y fui directamente a verle.

Mis padres se quedaron en el coche, esperando, mientras yo entraba en aquel edificio tan grande y cavernoso. Adentro cada pequeño sonido rebotaba por las paredes, amplificándose y dándole un aire místico. El Padre Meadow me estaba esperando en uno de esos bancos tan largos.

Como siempre, se mostró muy amable y sonriente, preguntándome si me encontraba mejor, si mis padres estaban tranquilos… Yo intenté compensarle con la misma amabilidad, aunque había un asunto del que quería hablar urgentemente. Así que después charlar un rato de cosas sin importancia mientras recorríamos la iglesia, le pregunté: “Y donde está Gor?”.

El padre detuvo sus pasos y me miró durante un buen rato, muy callado, hasta que me dijo: “Ha regresado a su mundo”.   “Qué mundo?” le pregunté. “El reino de los demonios. Cuando un demonio es exorcizado, éste desaparece de nuestro mundo y regresa a su lugar de origen.” me contestó. “Es un lugar cruel y oscuro, nada agradable de visitar” dijo con la mirada perdida, “Aunque de todos modos, nadie sabe cómo llegar hasta allí” concluyó.

Entonces fui yo la que me quedé parada. El padre se dio cuenta y me miró preocupado. Con un hilo de voz le pregunté: “No va a voler, verdad?”. Casi estuve a punto de llorar cuando vi que negaba con la cabeza. Me dijo: “No lo se, pequeña. Los demonios aparecen allá donde la oscuridad los lleva. Nadie puede saber cómo o cuándo ocurre”. Me puse a llorar sin remedio, mientras Meadow me sentaba en un banco. Gor se había ido. Se había ido y no iba a volver. Había perdido al único amigo que tenía, el único que me cuidaba y comprendía. Estaba sola de nuevo.

El cura volvió con un vaso de agua y me hizo beber un buen trago. Cuando estuve un poco más calmada, me dijo: “Aunque quizás este caso sea distinto”. Yo le miré sin comprender y continuó: “La verdad, en todos mis años nunca había oído nada parecido. Cuando os vi juntos, enseguida lo noté: ese monstruo y tu tenéis una conexión muy fuerte. Jamás había pasado algo así. Los demonios están hechos para odiar a los humanos, no para amarlos”. “Entonces…” empecé a decir yo, el padre me miró y dijo con una sonrisa: “Algo ha cambiado en ese ser y ha sido gracias a ti. Estoy seguro de que lo recordará siempre, esté donde esté”.

Al cabo de nada, salí de la iglesia y volvimos todos juntos a casa. En el contestador teníamos varias llamadas, todas de gente preocupada por mi: una de la señora Flitwick, otra de la directora del colegio y otra de la madre de Rossy. Al parecer, Rossy se había puesto muy triste desde que se enteró de mi accidente y quería decirme algo por teléfono. La llamamos a su casa y cuando ella se puso, me contó llorosa que lo sentía mucho y quería volver a hacer las paces conmigo. No pude hacer más que sonreírle y decirle que sí y que nos veríamos mañana.

Al final he perdido un amigo, pero he podido recuperar otro. Creo que con eso tengo suficiente por hoy, diario.

FIN

Y así concluye Mi gran amigo Gor! Ha sido un duro camino, pero ha merecido la pena. Me ha encantado trabajar en esta obra y poder desarrollar de la nada unos personajes tan característicos. He puesto mucho esfuerzo en cada palabra para que este sea uno de los mejores relatos de este blog, y espero haberlo conseguido. Estoy muy orgulloso de mi trabajo y espero que os haya gustado tanto como a mi vivir las aventuras de Vecky y Gor.

Pero no os penseis que la historia de Gor ha acabado. Le he cogido demasiado cariño a estos personajes como para dejarlo solo en esto. Aunque por ahora me gustaría dedicar mi tiempo en otras cosas, quizás algún día Gor vuelva a visitaros de nuevo. 😉

No olvideis comentar vuestras opiniones, reflexiones y sentimientos aquí debajo! Y como diría un gran amigo mío: Gooooooooooooooooooor!

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3 comentarios en “Capítulo 58: Mi gran amigo Gor (III)

  1. Me ha sorprendido ver la parte en la que devora al perro. Nunca lo esperaría de ti. Me has sorprendido. El final… ya sabes, no quería leer esta parte, no quiero despedirme de Goooooooooooooooor. Así que no lo haré, te mantendré en un sótano con la luz de una bombilla y te haré escribir para mi un capitulo cada día.

    ACP y sí, algo también comenta Sam

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    1. Ciertamente, la parte del perro era quizás demasiado dura para este tipo de historia… Por eso funciona tan bien! Asusta de verdad!
      Pensaba poner esa parte en el capítulo anterior, para anticipar un poco lo que iba a pasar en este. Se veía la mano de gor, saliendo por la ventanilla del sótano y arrastrando al perro… Pero no supe como meterlo. Así que no os traumatizaré con ella 😀
      Tranquila, no te preocupes, Gor volverá, tarde o temprano. Solo es cuestión de tiempo 😉

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