Capítulo 55: Mi gran amigo Gor (II)

Dije que lo intentaría, así que lo mínimo que puedo hacer es conseguirlo. Gracias a tod@s por vuestro apoyo y disfrutad del maravilloso mundo de Vecky y Gor, de nuevo 🙂

Por si no lo habéis visto, aquí tenéis el primer capítulo: Mi gran amigo Gor (I)

Viernes 12 de Abril 

Querido diario, no soporto mi nuevo colegio. Aunque sea mucho más grande, tenga muchos más árboles y huela mejor que el otro, lo peor es la gente que hay dentro.

Para empezar, los niños de mi clase (4-B), que són unos inmaduros. Ya el primer día de colegio no dejaron de mofarse de mi y llamarme “Vecky Coletitas” (Como si yo tuviera la culpa de que mi madre me peinara cada mañana de ese modo!). Están todo el día tirándose pedos y eructos, jugando a fútbol o riéndose a costa de alguien. Jules es el más malo, hoy casi me arranca el pelo en el recreo cuando jugábamos al pilla-pilla. Él le ha dicho al profesor de guardia que ha sido sin querer, pero te juro diario que como lo vuelva a hacer, se va a encontrar “sin querer” una chincheta clavada en su asiento.

Y entre las niñas de mi clase, las hay de muy muy memas. Cindy es una pija presumida: cada día trae algo que le han regalado sus padres: el lunes, una pulsera nueva; el martes, unos zapatos nuevos; el miércoles, unas fotos del cachorrito nuevo que han adoptado; el jueves, un iPhone de última tecnologia… Todos los días igual. Después está Lucy, siempre hablando sobre Cristiano Ronaldo: que si es muy mono, que si es muy cuco, que si es muy majo, que si algún dia le firmará un autógrafo… Y para acabar, Wendy, la peor de todas: ella es la que maneja los chismes y cotilleos de todo el curso. Cuando alguien se equivoca  o comete algún error, por pequeño e insignificante que sea, ella se encarga de hacérselo saber a los demás niños y niñas para que se puedan burlar de él o de ella. Pero lo más cruel es que, cuando se le han acabado los chismorreos, la muy boba se los inventa. Siempre elige cómo víctimas a los más débiles e indefensos (como yo, que soy nueva) y se ensaña con ellos para hacerles saber quien manda. Me pone de los nervios, la muy burra.

Aunque claro, no todo el mundo en el cole es malo: están los profesores, que siempre halagan mis deberes; la cocinera, que siempre me sirve con una sonrisa y por supuesto Rossy, mi única amiga. Al tener la cara llena de pecas, ser un poco tímida y llevar unas gafas enormes y un aparato en los dientes ha sido uno de los blancos predilectos de Wendy desde siempre. Así que hemos congeniado perfectamente. Si no fuera por ella, este sitio sería el infierno para mi. Bueno, por ella y por Gor.

Gor es mi otro confidente, aparte de Rossy y tu, diario, al que se lo cuento todo. Como tengo las tardes libres y mis padres aún están trabajando, cada día bajo al sótano para contarle como me ha ido el día. Aunque es menos hablador que Rossy (y casi igual que tu, diario), siempre es una agradable compañía y a veces, cuando está de muy buen humor (como el domingo) me deja que me suba a su espalda. El tacto que tiene me sigue pareciendo extraño, pero a la vez agradable y familiar. Me siento muy cómoda con él.

Aunque cada día que le veo está más gordo y grande, ya casi ha llegado a los cuatro metros. Pero no me extraña, porque ya se ha comido un colchón, varias sillas de madera, una escalera de hierro, una maquina de escritura antigua, dos paraguas agujereados y un lote completo de adornos de navidad (incluyendo un árbol de plástico, unas luces de colores y un muñeco de papa noel tamaño normal). Hay que ver el hambre que tiene! Pronto se nos acabarán los objetos de las estanterías, cajones y baúles. No sé qué pasará cuando eso ocurra, aunque supongo que no será complicado darle de comer, porque prácticamente lo engulle todo.

En fin diario, tengo que irme. Mi madre ya ha terminado la cena y no pienso perderme sus deliciosas croquetas. Ñam ñam. Hasta mañana.

Sábado 13 de Abril

Querido diario, hoy hemos tenido una visita inesperada. Esta tarde, mientras todos estábamos en el sofá (mis padres haciendo la siesta y yo viendo la tele) han llamado a la puerta de casa. Extrañados, mis padres fueron a ver quien era, pero se extrañaron aún más cuando lo tuvieron delante.

Era una persona mayor, algo más que papá y un poco menos que el abuelo, vestida con una sotana negra. Llevaba unas gafas de media luna muy chulas, un libro muy grueso bajo el brazo y una cruz de esas con las que reza la abuela, pero no colgada en la pared, sino en el cuello. También llevaba un anillo con un extraño símbolo, parecido a una “V” con alas. Tenía la cara surcada de arrugas y una sonrisa discreta y cándida. Se presentó a si mismo como el Padre Meadow, experto en exorcismos.

Les dijo a mis padres que no se preocuparan, que no estaba allí para echarles un sermón, sino para ayudarnos en un asunto espiritual. En este punto, mi padre parecía muy enfadado con el Padre, no sé si porque le había interrumpido la siesta o por alguna otra cosa; en cambio mi madre, como es muy devota, le pidió al Padre Meadow que entrara y que tomara una taza de café. Él aceptó amablemente con una sonrisa.

Cuando estuvimos todos sentados en la mesa, mi madre le preguntó cual era ese asunto espiritual que le había traído hasta allí. El Padre terminó de sober su café, dejo la taza en la mesa y dijo: “Estoy aquí porque en esta casa habita un demonio”.

Entonces puso el libro sobre la mesa y recorrió las paginas, todas llenas de dibujos y símbolos extraños (no los pude ver muy bien porque iba muy deprisa, pero se veían muchos ojos, dientes y púas), hasta que encontró la que buscaba. Al ver el dibujo que había en ella, casi no pude reprimir un gritito de asombro: era igualito que Gor. Aunque había algunas diferencias: el monstruo del dibujo parecía mucho más grande, estaba a plena luz del sol y había varias personas que huían de él. Daba un poco de miedo, sobretodo la boca, que era enorme, irregular y toda llena de dientes, parecida a la de un tiburón de esos que salen en las películas.

El Padre Meadow dijo que se trataba de un Gorshlack, un demonio de soledad. Explicó que era un ente formado por los más oscuros pensamientos y sentimientos del aislamiento y egoísmo de la gente, que acumulados y llevados al extremo, tomaban forma en el mundo mortal a través de esa criatura. También advirtió que era un monstruo insaciable, comiera lo que comiera siempre tendría más y más hambre y que, si no es eliminado a tiempo, puede llegar a comerse hasta personas vivas. Nos recomendó que le dejáramos buscar por la casa para encontrarlo y así poder exorcizarlo inmediatamente.

Entonces mi padre se puso aún más furioso y le pidió, de manera un poco brusca, que se fuera. Gritó que era un fraude, que cómo se atrevía a venir a su casa a contarles esos cuentos chinos y esperar que le dejáramos husmear en nuestras cosas. Mi madre trató de tranquilizar a mi padre, pero en vista de que no lo iba a conseguir, el Padre Meadow se despidió y nos dió sus más sinceras disculpas. Lo acompañamos hasta la puerta, donde volvió a despedirse y pedirnos disculpas. Yo estaba muy nerviosa por todo lo que había dicho, pero intentaba aparentar toda la tranquilidad e inocencia que podía. Aún así, el Padre no dejó de mirarme mientras hablaba, como si supiera perfectamente lo que estaba pasando. Al final se fue tan silenciosa y extrañamente como había venido.

Mientras mis padres se fueron a su habitación a discutir, yo me fui al sótano a ver a Gor. Me lo encontré tumbado en el suelo (ya que ahora apenas cabe cuando está de pie o sentado), royendo la base de una de las estanterías. Esta vez me quedé callada. No dejaba de pensar en lo que me había dicho el Padre Meadow sobre Gor, sobre si podía llegar a ser muy peligroso cuando creciera demasiado. De verdad Gor puede llegar a ser tan malo? Es mi amigo, de los pocos que tengo, cómo podría abandonarlo? Quizás mi padre tenga razón y todo lo que nos soltó fueron mentiras, pero aún así me cuesta verlo de otro modo. Gor, al verme tan silenciosa, dejó de roer la estantería y se me acercó. Alargo la mano hacia mi y por un momento me invadió el miedo y quise huir, pero luego vi que solo quería subirme a su espalda. Seguía teniendo el mismo tacto que siempre, cálido y frío a la vez, sedoso y duro al mismo tiempo. Me alivié un poco y dejé de pensar en ello. Al fin y al cabo, cuando nos conocimos, mi amigo se presentó como Gor, no como Gorshlack. No sé quien será ese tal Gorshlack, pero sin duda no es el que me montó en su espalda esta tarde.

A la hora de cenar, mis padres aún estaban un poco tensos, pero un par de capítulos de los Simpson aliviaron un poco el ambiente. Mi madre comentó que hacía poco que el perro de la señora Flitwick había desaparecido, aunque como siempre tiene la costumbre de husmear en jardines de los vecinos es normal que un día de estos acabara pasando. Aún así, la anciana lleva un par de días buscándolo y jura que aún no han encontrado nada de él, ni tan solo su bonito collar azul. “Espero que lo encuentren pronto”, dije yo, “No me gustaría que le hubiera pasado nada malo”.

Mi padre, para animar un poco la cosa, anunció que mañana iríamos todos juntos de excursión al campo. Estuve muy emocionada, aunque también un poco preocupada por Gor, no me gusta dejarlo solo tanto tiempo. Aunque quizás estoy pensando demasiado, al fin y al cabo, como dice mi padre, no hay que fiarse nunca de un cura.

CONTINUARÁ…

NO SÉ CUANDO, PERO CONTINUARÁ…

PD/ El que sepa decirme de donde proviene el nombre de “Padre Meadow”, tendrá un premio. Qué premio? El que elija esa persona. Sí, puede ser lo que sea. Lo que sea. LO-QUE-SEA. Pero no pidáis demasiado o acabareis sin premio, avariciosos.

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2 comentarios en “Capítulo 55: Mi gran amigo Gor (II)

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