Capítulo 54: Roto

Esto es lo que pasa por mi cabeza tras ver la peli de Sin City y no poder dormir.

Ya nunca volveré a ser el mismo, no desde el fatídico día en que me tocó. Aquel día en que juntamos nuestros cuerpos y limpió mi corazón de toda oscuridad. Su voz susurrándome al oído, su aliento dulce atravesando mi piel y llegándome hasta el corazón. Una sola palabra de sus labios y ya fui suyo para siempre… Hasta esta noche.

Mi Amanda, mi dulce Amanda. Tu recuerdo me invade, aquí, junto al río, y te veo de nuevo, tan tierna y frágil como siempre. Porqué tuviste que dejarme? Porqué tuviste que echarlo todo a perder? Tu eras el ancla que me unía al mundo, el hilo que remendaba los trozos desencajados de mi corazón. Sin ti me siento roto y hundido en las tinieblas. Desamparado como un náufrago, sin rumbo, condenado a recorrer todas las calles y bares de esta maldita ciudad para olvidarte.

Qué locura… Cómo podré olvidarte, Amanda? Aquel cuerpo tan perfecto, aquella risa tan viva, aquellos labios tan rosados… Yo era un pobre barco perdido en un mar de niebla hasta que te vi: tus suaves caderas moviéndose a ritmo de infarto, tu cabellera roja bailando de un lado para otro en tu cabeza, tus pies describiendo círculos frenéticos por el suelo. Todo en ti era música y alegría, justo al contrario que yo.

Aún no sé cómo ni porqué te llegaste a interesar por mi. Quizás fueron mis malos modos, quizás mi presencia intimidadora, quizás esa cicatriz en mi pecho que a ti tanto te gustaba tocar… No lo niego, antes de que entraras en mi vida todo eran peleas, puños y sangre. Las calles eran mi único hogar, los callejones mi rutina y el infierno la mejor salida posible. Pero eso fue antes de conocerte, antes de que aquella noche me pidieras fuego, antes de sentir tus dulces labios rozando mi boca, antes de que iluminaras mi mundo y me trajeras toda la esperanza que había perdido en mi, Amanda.

Amanda, Amanda, Amanda, repito tu nombre cien veces, como si fuera una plegaria, una súplica para que puedas volver. En el fondo sabía que esto iba a pasar. Quise resistirme. pero no pude. Quise no enamorarme, pero no pude. Quise alejarme de ti, pero no pude. Quise advertirte, pero no me escuchaste o no me hice escuchar.

Era inevitable, te decepcioné como hago siempre, y tuviste que cortar conmigo esta noche. Entonces me rompí: mi corazón se hizo mil pedazos, mis ojos se llenaron de lágrimas, en mi cabeza estalló un coro de lamentos y súplicas, de maldiciones y burlas, por todas las riñas, por todos los gritos, por todas mis excusas, por todos tus quejidos, por todos los momentos de luz y sombra, por todos los años arrastrándome entre los callejones, por el sabor de la sangre caliente en mis manos, por un padre que pega a su hijo, por el amor que nunca tuve y que nunca pude darte.

Aunque ahora ya es tarde para lamentarse. Oh, mi dulce Amanda. El recuerdo de tu rostro al marcharte me rompe el corazón de nuevo. He de hacerme a la idea de que ya no volverás. Ya no podré acariciar tu suave pelo rojizo. Ya no podré oírte susurrar mi nombre entre los almohadones. Ya no podré tenerte nunca más descansando sobre mi pecho. Porque te has ido y ya jamás volverás.

Las lágrimas siguen brotando de mi cara y van a parar al río junto al que me encuentro. Todo ha terminado. Sin ti, las mañanas no significan nada y los atardeceres son el más duro infierno. Roto y con el corazón herido, ya no me queda nada, ni ganas de vivir. “Perdóname, Amanda” te suplico.

Hundo mis pies en la corriente mientras arrastro la bolsa de basura que tengo a mi lado hacia el agua. El río está frío y lleno de desperdicios, pero sigo avanzado con mi carga. Cuando estoy mojado hasta la cintura, dejo de sujetar la bolsa, que se sumerge en las oscuras aguas, arrastrada lentamente por el torrente.

Vuelvo a la orilla, empapado de agua y lágrimas. Lo siento mucho, Amanda. Tu nunca conociste la bestia que habita en mi interior, tu siempre viste todo lo bueno que hay en mi y nunca lo malo. Solo esta noche has podido comprobar toda la oscuridad que hay en mi, mientras te encontrabas tendida en el suelo de la cocina, mientras veías como mi puño bajaba y subía, mientras me mirabas de esa forma tan suplicante. Solo esta noche y nunca más. Porque te has ido. Porque ya no volverás. Porque yo te he matado.

FIN

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2 comentarios en “Capítulo 54: Roto

  1. Uuuf!! Un relato realmente sobrecogedor! Enhorabuena de nuevo… siempre consigues provocar una gran reacción en mí con tus escritos, pero esta vez te has superado!! He tenido el corazón en n puño hasta el final, y he acabado de leer con un suspiro.. Hermoso y triste a la vez. Felicitaciones, de verdad!

    Att; LT

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  2. Muchas Gracias! 😀 La verdad es que yo tmb he disfrutado mucho trabajando este relato y me alegra que hasta pueda llegar a emocionar a la gente. Un placer que te haya gustado y hasta el próximo capítulo! 😉

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