Capítulo 71: Fría Mañana

Qué bien sienta volver. ^_^ Esta vez me voy a quedar más tiempo, de verdad. Tengo muchas historias que espero poder escribir y también espero que aún estéis ahí para leerlas. En cualquier caso, espero que la disfrutéis. ¡Feliz San Jordi!

Hoy la noche ha dejado caspa en los tejados, escarcha en el parabrisas, frío en el corazón. Y yo, cansado, sigo esperando a que llegue la primavera y que termine este invierno eterno. Con optimismo obstinado, busco entre las nubes un rayo de sol y esperanza, que nunca encuentro, que nunca llega.
La ciudad pierde todo su color, envuelta en un manto gris y blanco. Adormecida, fría y muda, se desvanece todo su encanto y vida, dejando el cascarón de un alma muerta. Y allí en medio estoy yo, perdido entre los restos de un naufragio, avanzando a ciegas entre miedos y dudas. Sin una canción que me despierte, sin una sonrisa que me temple, sin ti.

En las aceras se acumula nieve, como algodón frío con el que los niños juegan, lanzándoselo unos a otros. Sus carcajadas despreocupadas me acompañan mientras caliento el café y escucho las noticias tranquila. La rutina me calma después de tanta tormenta y una tenue esperanza empieza a latir en mi pecho. Quizás hoy sea el comienzo de algo nuevo, sin sombras ni errores, sin dudas ni disgustos, sin mirar al pasado.
La ciudad se viste de boda y muestra su pureza, un lienzo en el que escribir el nuevo día. Otra oportunidad de empezar bien las cosas, otro chiste que reír, otro baile que disfrutar. Hoy la música me acompaña a todas partes y me enciende como una antorcha, derritiendo la nieve a mi paso. Estoy convencida que todo irá bien esta vez, que esta cita será la definitiva, que él será capaz de curar mis heridas, las cicatrices que me infligí por mi estupidez y miedo.

En cuanto tú te fuiste la vida perdió toda su magia y su sabor. No hay finales felices, no hay amores imposibles, no hay sorpresas escondidas, nada tiene su valor si no estás tú. Da igual las veces que intente olvidarte, siempre te tengo en una esquina de mi memoria. Tu rostro aparece en todas partes: en el metro, en los anuncios, en la cafetería; atormentándome porque sé que nunca estás ahí, que todo es parte de mi delirio.
Camino sólo entre la multitud, arrastrando mi pena y mis fracasos, la triste agonía de toda mi existencia. Levanto un momento la mirada del suelo para cruzar la calle… Y al otro lado te encuentro a ti.

Sé que no debería ser tan dura conmigo misma, que ya no soy la niña ingenua que era antes, que se creía todas las historias de amor de los libros. He pagado mis errores con lágrimas y perspectiva; mis huidas con desprecio y soledad. He seguido mi camino, dejando atrás muchos trenes y estaciones, y he recorrido la vuelta a casa caminando muchas veces. Pero no puedo dejar de maldecir al pasado, a todo el daño que hice y recibí, a esa manía de no perdonarme.
Me paro y suspiro, temiendo que las nubes que flotan sobre mí no vayan a traer un aluvión. Bajo la cabeza para seguir adelante… Y en el otro extremo de la carretera estás tú.

Mis pasos y mi corazón se detienen. Me quedo quieto preguntándome si tu imagen es un espejismo urbano, otra ilusión imaginaria fruto del añoro. Pero esta vez no tengo duda: eres tú, estás ahí, es ahora. Te reconozco a pesar de que el tiempo y la vida te hayan cambiado, te veo distinta y al mismo tiempo igual que antes. Tu forma quizás haya cambiado, pero sigue conteniéndote a ti.
Tantas veces he imaginado este reencuentro, tantas frases he ensayado en mi cabeza y ahora las palabras se desvanecen. ¿Qué es lo que debería decir? ¿Qué es lo que debería esperar? ¿Qué es lo que busco?

La gente sigue adelante mientras yo me quedo parada, con un alud de emociones derrumbándose encima de mí. Tristeza, culpa, vergüenza, miedo… Sí, aún siento el miedo, atenazándome y gritando que huya al mismo tiempo. El mismo temor que me alejó de ti, hace ya tantos años.
Debí sincerarme contigo y no largarme con excusas y mentiras. Debí decirte lo que ocurría, debí contarte el pánico que tenía a anclarme, a depender de ti toda mi vida. Pero no lo hice entonces… ¿Me atreveré ahora?

De pronto encuentro la respuesta a lo que busco: un final. No quiero volver al pasado ni disculpas por algo que la arena ya ha enterrado. Sólo busco una última despedida, un último contacto, una última certeza de que valió la pena haberte conocido, de que no existes únicamente en mi recuerdo.

No sé porqué me cuesta tanto deshacerme de ésta espina. Quizás sea mi manía de no olvidar. Quizás sea que nunca se me han dado bien las despedidas. El caso es que tengo que quitármela de una vez si quiero seguir adelante. 

Cruzo a buscarte, sin dudas ni miedos.

Me acerco a ti, sin lamentos ni excusas.

Nos quedamos parados el uno frente al otro, en mitad de la calle,

Nos detenemos y la ciudad se detiene a nuestro alrededor.

Te miro y vuelvo a quedarme sin palabras.

Me quedo callada, por temor a decir nada.

¿Qué queda más por decir?

¿Qué queda más por decir?

Sólo una cosa:

Una última cosa:

-Hola -decimos los dos a la vez.

Y todo vuelve a empezar de nuevo. Así de fácil. Así de difícil.

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