Capítulo 60: Mariposa

No me disculparé. He vuelto y eso es lo que importa. Disfrutad como siempre 🙂

Te quedaste mirándome durante unos instantes, como si esperaras que dijera algo, como si con una palabra mía pudiera retenerte. Si era así no se me ocurrió ninguna. Yo ya sabía que eras libre y que estarías mejor sin mi. No quería ser la cárcel que te retuviera, no quería ser el fracaso grabado en tu memoria. Quería que volaras libre e inocente, dulce mariposa. Quería que sintieras la luz del sol, el susurro del aire, el canto del mar, la alegría de la juventud, todo lo que yo no podía darte. Por eso me quedé callado, sin decir palabra. Tu volviste la mirada a tus apuntes, quizás algo decepcionada. Y el silencio cayó sobre nosotros, tan frío y desolador como la lluvia.

Pasó el tiempo y mil lunas, todas me recordaban tu nombre, el color de tus alas. Hasta que un día la arena tapó tu rostro y ya no quedó nada, solo el vacío y la desesperanza. Tu recuerdo seguía clavado en mí como una espina, pero la piel había cicatrizado y ya solo era una lejana molestia. Cerré mi corazón a cualquiera que intentara entrar, sabiendo que hacía lo correcto, sabiendo que en el fondo ese fue siempre mi camino, la soledad.
Pasó más tiempo, mucho, mucho más tiempo. Perdí mi juventud, la poca que me quedaba en el alma, mis fantasías, que eran cada vez más confusas, y mis sueños, que ya casi había olvidado. La gris realidad se apoderó de mí. La rutina ejerció su martillo sin piedad ni compasión. El reloj se tragaba el tiempo, la vida pasaba veloz como un tren, mientras yo seguía perdido en la primera estación, sólo y cansado.

Y entonces, ocurrió un milagro que yo jamás creí posible. Llovía de nuevo, y yo, como de costumbre, no traía paraguas. Corriendo, me fui a refugiar bajo el primer tejado que encontré… Y allí estabas tú, dulce mariposa. Quizás el tiempo también se había llevado tu juventud y tu inocencia, pero reconocí tus alas al instante. Y todos los buenos recuerdos, los momentos de luz y sombra, volvieron a mí, restaurando lo que una vez había perdido. Tú en cambio me miraste y no dijiste nada, no me reconocías. Quizás no me recordabas o quizás ya no era el mismo, pero yo sonreí. Eso me daba igual, siempre habría tiempo para empezar de nuevo, de un modo u otro. Porque había comprendido que aunque mi camino desde siempre fue la soledad, mi destino durante toda mi vida era llegar a ti.

FIN

Capítulo 58: Mi gran amigo Gor (III)

Aquí tenéis, como os prometí. No os entretendré mucho por ahora. Ya os lo contaré todo más abajo. Ahora, solo disfrutadlo!

Por si acaso, capítulos anteriores:

Primero: Mi gran amigo Gor (I)

Segundo: Mi gran amigo Gor (II)

Domingo 14 de Abril

Diario, como puede un día empezar tan bien y acabar de forma tan desastrosa? Esta mañana, todos en la casa nos levantamos muy muy temprano para poder ir de excursión al campo. Yo estaba teniendo un sueño muy bonito en el que toda la clase le tiraba huevos a Wendy, cuando mi madre me zarandeó. Me dijo que fuera a desayunar, que pronto nos iríamos al campo. Comimos rápido entre bostezos, cogimos nuestras mochilas y salimos todos juntos hacia la aventura.

Todo fue tan deprisa que no tuve tiempo a despedirme de Gor ni a decirle adonde iba, como tenía planeado ayer. En ese momento no me preocupaba, pues no le daba mucha importancia a lo que ese cura nos había contado. Quizás debería haberlo hecho.

El caso es que el paseo por el campo fue muy bien: hacía un sol radiante sin apenas una nube y a pesar de que la noche anterior había llovido un montón, por lo que la hierba estaba aún muy fresca. Nos encontramos unos cuantos caracoles rezagados con los que me puse a charlar un rato, hasta que me llamaron mis padres. Después estuvimos jugando con la pelota, saltando de un lado para el otro, corriendo… En cuestión de minutos mis padres quedaron agotados, así que hicimos una pausa y nos comimos nuestros bocadillos. Mientras ellos hacían la siesta bajo un árbol, yo me fui a perseguir las mariposas que había revoloteando entre las flores. Casi pillo a una que estaba desprevenida, pero se me escapó de entre la manos por muy poco…

En fin, al cabo de nada mis padres se desperezaron y dijeron que ya era hora de volver. Yo estaba de acuerdo: tenía los pies muy cansados, la gorra sudada y esa tarde hacían un especial de dibujos en la tele que no me quería perder, así que regresamos por el mismo camino hacia casa. Pero no podíamos intuir lo que nos esperaría allí.

Nada más entrar, nos quedamos paralizados. Toda la casa estaba patas arriba: platos, jarrones, fotografías, cuadros, muebles, cazuelas, todo tirado por el suelo. Parecía como si hubiera habido una tormenta por toda la casa, apenas quedaba nada que no estuviera tumbado o roto. Fuimos rápidamente a preguntar a la señora Flitwick, por si sabía lo que había pasado. Nerviosa, nos contó que había notado un temblor muy fuerte, como si hubiera habido un terremoto. Además le pareció escuchar algo parecido a un grito proveniente de nuestra casa, aunque dijo: «No me hagan mucho caso, mis oídos ya no son lo que eran…», tratando de aparentar tranquilidad.

Al volver a casa, aprovechando que mis padres estaban ocupados recogiéndolo todo, me escabullí hacia el sótano, preocupada por si le había pasado algo a Gor. Cuando llegué allí, no me costó nada encontrarlo, pues habían desaparecido prácticamente todas y las estanterías y objetos. Lo poco que quedaba, estaba esparcido por el suelo y casi roto. Gor se hallaba en una esquina, de cara a la pared, medio encogido a causa de su tamaño. Y fue cuando me acerqué preguntándole si estaba bien, cuando me fijé en las paredes. Había unas grietas y marcas en ellas, parecidas a las que alguien dejaría si las hubiera estado golpeando. Alguien con una gran fuerza y unas manos grandes como una rueda de camión.

«Gor, qué ha pasado aquí? Has sido tu quien ha causado todo esto?» le pregunté, con voz temblorosa. Pero el seguía sin responderme, mirando fijamente en la pared, como si no me hubiera oído. Me fui acercando lentamente y empece a oir un ruido familiar. Crec. Un chasquido parecido al que había escuchado la primera vez que fui al sótano. Crec. Aunque a la vez totalmente diferente. Crec. Pero a pesar de ello yo ya sabía qué lo provocaba. Crec. Gor estaba royendo algo.

Cuando fui a preguntarle qué era, me fijé en un objeto que había en el suelo, justo al lado de mis pies. Parecía una moneda dorada, enterrada bajo un trozo de estantería podrida, pero cuando me agaché para cogerla, vi que había algo más bajo la madera, así que tiré de ella. Al sacarla, comprobé moneda se encontraba atada a una cinta azul medio rota. Entonces comprendí que la moneda era en realidad un insignia, aquello era un collar como el que llevan los perros.

«Como ha llegado hasta aquí?» pensé «los antiguos dueños tenían un perro?». Pero apenas tenía polvo y parecía más nueva que todos los otros trastos del sótano. Extrañada, la examiné más de cerca y entonces me fijé que en el reverso de la insignia había apuntada una dirección, por si se perdía el perro. Al leerla, se me cayó el alma a los pies: era la casa de al lado, la de la señorita Flitwick. Aquel era el collar de su perro perdido.

Me giré lentamente hacia Gor y, al mismo tiempo, Gor giró su cabeza hacia mi. Y puede comprobar lo que estaba royendo.  Grité, dejé caer el collar y salí corriendo del sótano sin vacilar. Mis padres vinieron preocupados y preguntando qué pasaba, pero yo les dije que había tropezado en la oscuridad y me había asustado. Eso les tranquilizó, pero no les convenció para no echarme la bronca por escaquearme de ordenar la casa.

Para cenar, había muslitos de pollo, aunque yo apenas pude probar tres bocados antes de salir corriendo al lavabo a vomitar. Mi madre, preocupada, dijo que posiblemente fuera algún tipo de gripe y lo mejor era llevarme a la cama. Yo ya sabía que no era nada de eso, pero accedí de todos modos para poder escribir tranquilamente en ti y no tener que cenar. Al rememorarlo ahora, casi vuelvo a vomitar… Aquellos huesos de pollo me recordaban demasiado lo que había visto aquella tarde: la mandíbula de Gor royendo un hueso casi tan grande como mi brazo. Un hueso de perro.

Lunes 15 de Abril

Diario, no se si podrás comprobarlo, porque no tienes ojos ni nada parecido, pero ahora mismo estás en mi colegio.

Esta mañana, por alguna extraña razón, te he sacado de tu escondite debajo del colchón y te he puesto en la mochila, junto a los deberes. No se a que ha venido este impulso, pero me alegra tener alguien que me haga compañía, porque ahora mismo me siento muy sola.

La noche anterior apenas pude dormir, preocupada como estaba por Gor. Y si el Padre Meadow decía la verdad? Y si pudiera resultar peligroso? Ya se había tragado a un perro, cuanto tardaría en empezar a comer personas? Todas esas preguntas danzaban en mi cabeza una y otra vez sin encontrar respuesta y apenas pude conciliar el sueño un par de horas. Por eso me quede dormida en clase varias veces y los profesores, normalmente amables y sonrientes, hoy me han regañado y fruncido el ceño en señal de desaprobación.

Rossy enseguida ha notado que me pasaba algo, y me ha preguntado qué es lo que era. Yo le dije que se lo contaría en el recreo, pues aún no le había contado nada sobre Gor y tampoco quería que se enterara toda la clase de mi problema. Allison estaba sentada a mi lado y ella tiene unos oídos muy sensibles cuando se trata de chismorreos…

Nada más sonar el timbre del recreo, lleve a Rossy a un rincón apartado y empecé a contarle todo sobre Gor. Como lo había conocido, lo que me contó el Padre Meadow, el incidente de ayer, todo. Al principio parecía muy animada por el secreto, pero a medida que iba avanzando la historia, su sonrisa se fue marchitando poco a poco, hasta que no quedó rastro de ella. Cuando acabé le dije que estaba muy confusa, que no sabía que hacer y que si podría ayudarme. Ella se rió y me dijo: «Es una broma, verdad? No esperaras que me crea todo eso?». «No es una broma! Es de verdad, te lo juro! Tienes que ayudarme!», le contesté en tono suplicante. «Qué te has creído, que soy un bebé!? No intentes tomarme el pelo!» me chilló. Y se fue corriendo. Y yo me quede sola.

Y aquí estoy, en mitad del recreo, escribiendo sola en un rincón. Como ha podido ocurrir todo esto, diario? La semana pasada tenía a Gor y a Rossy para apoyarme, pero ahora solo me quedas tú. No entiendo como ha pasado… El sábado Gor estaba perfectamente y ayer de repente se puso de ese modo… Como si fuera el Gorshlack del que hablaba el cura… Qué fue lo que cambió en él ese día? Quizás fue la excursión al campo… A Gor quizás le hubiera gustado venir con nosotros (aunque obviamente no puede, porque le da miedo la luz) y no quedarse en casa solo…

Eso es! El Padre Meadow dijo que Gorshlack era un demonio de soledad! Aquella mañana no pude ir a saludarlo como de costumbre y por eso estaba de tan mal humor! Gor se transformó en Gorshlack e hizo todas esas cosas malas sin querer, como los hombres lobo de las pelis. Solo necesita no estar solo y volverá a ser el Gor de siempre!

Aunque eso significa… Que ahora debe estar muy enfadado, porque esta mañana tampoco fui a hablar con él, ya que me daba demasiado miedo. Oh no! Tengo que llegar a casa temprano, antes de que ocurra algo malo… Deséame suerte, diario!

Martes 16 de Abril

Querido diario, todo ha acabado. Ayer, cuando volvía corriendo hacia casa y apenas quedaba cruzar una esquina, noté que algo malo estaba pasando: sentí un súbito temblor bajo mis pies. Aceleré el paso hasta llegar a mi calle, temiendo lo peor. Pero lo peor ya estaba pasando: Gor se encontraba en mitad de la calle, desierta y silenciosa. Permanecía de pie y era enorme, medía casi tanto como las casas del vecindario. Alzó sus brazos y lanzó un grito tan fuerte y grave que retumbó en mi pecho un buen rato.

Entonces oí una voz detrás mío que decía: «Apártate demonio impío! Regresa a la oscuridad de la que provienes!». Me giré al reconocer esa voz: era la del Padre Meadow, que empuñaba una de esas cruces religiosas como arma. En respuesta, Gor volvió a rugir y se dirigió hacia él, mientras el cura iba recitando con los ojos cerrados cosas que no llegaba a comprender de tan rápido que iba. Yo estaba paralizada por el miedo, no sabía que hacer. Entonces Gor alargó la mano para cogerlo, pero cuando estuvo lo suficientemente cerca, el padre abrió los ojos y todo él despidió un aura de luz tan intensa que tuve que cerrar los ojos  para no dañármelos .

Lo siguiente que oí fue el grito de Meadow y cuando volví a abrir los ojos, éste estaba volando por los aires. Por suerte, aterrizó sobre unas bolsas de basura, que amortiguaron su caída. Pero a pesar de ello, le sangraba la cabeza y resoplaba con fuerza. Yo estaba en estado de shock, no podía creer lo que estaba pasando, todo lo que pasaba delante de mi era como si perteneciera a otro mundo. Mientras, Gor se acercó a él con paso lento, pasando a mi lado sin mirarme, y estaba a punto de agarrar al padre cuando algo se encendió dentro de mi. Una llama de valor, furia y justicia al mismo tiempo.

Fui corriendo hacía él, mis pies apenas tocando el suelo, y me abrace a su pierna. El extraño tacto seguía siendo el mismo de siempre, aunque sin la sensación reconfortante que recordaba. Y entonces le dije a Gor: «Por favor, no lo hagas… Tu no eres malo, Gor… No tienes porqué hacer estas cosas… Por favor, Gor…» le supliqué sollozando, «No lo hagas, así solo empeoraras las cosas… Se que es horrible estar solo, pero no le hagas daño a la gente por eso, Gor… Así solo conseguirás que huyan de ti… No seas malo, Gor…».

Entonces me di cuenta de que Gor estaba quieto, muy muy quieto. Se había quedado parado, como si fuera una estatua. Lentamente, giró su cabeza hacia mi y me miró con sus ojos blancos y sin pupila. Me pareció a notar un poco de culpa en ellos. Mientras, el Padre Meadow, que seguía malherido, se levantó y acabó de recitar un canto. Entonces la luz volvió a llenarlo todo y yo me sumergí en ella y sentí una cálida placidez. Cerré los ojos, dejándome llevar por esa sensación y perdí el conocimiento.

Cuando me desperté, ya era de día, estaba en la cama de un hospital y tenía a mi madre y a mi padre a mi lado, aliviados de que me despertara. Y me contaron lo que les había dicho el Padre Meadow: que hubo una explosión de gas en el sótano, que yo me caí a causa de los temblores y que él, pasando de casualidad por el barrio, me encontró en el suelo y me llevó al hospital. Por suerte yo estaba bien, solo tenia una ligera contusión en la cabeza y nada más.

Como mis padres estaban trabajando esa tarde y no vieron nada de lo ocurrido, se creyeron de pies juntillas las mentiras del sacerdote. No dejaban de alabarlo e incluso mi padre, que odia a los curas, aseguró que estaría eternamente en deuda con él.

También me comentaron que fuera a verlo lo antes posible a su parroquia, pues tenía algo importante que decirme. Yo ya sospechaba que sobre qué seria. Así que esta misma tarde ya salí del hospital y fui directamente a verle.

Mis padres se quedaron en el coche, esperando, mientras yo entraba en aquel edificio tan grande y cavernoso. Adentro cada pequeño sonido rebotaba por las paredes, amplificándose y dándole un aire místico. El Padre Meadow me estaba esperando en uno de esos bancos tan largos.

Como siempre, se mostró muy amable y sonriente, preguntándome si me encontraba mejor, si mis padres estaban tranquilos… Yo intenté compensarle con la misma amabilidad, aunque había un asunto del que quería hablar urgentemente. Así que después charlar un rato de cosas sin importancia mientras recorríamos la iglesia, le pregunté: «Y donde está Gor?».

El padre detuvo sus pasos y me miró durante un buen rato, muy callado, hasta que me dijo: «Ha regresado a su mundo».   «Qué mundo?» le pregunté. «El reino de los demonios. Cuando un demonio es exorcizado, éste desaparece de nuestro mundo y regresa a su lugar de origen.» me contestó. «Es un lugar cruel y oscuro, nada agradable de visitar» dijo con la mirada perdida, «Aunque de todos modos, nadie sabe cómo llegar hasta allí» concluyó.

Entonces fui yo la que me quedé parada. El padre se dio cuenta y me miró preocupado. Con un hilo de voz le pregunté: «No va a voler, verdad?». Casi estuve a punto de llorar cuando vi que negaba con la cabeza. Me dijo: «No lo se, pequeña. Los demonios aparecen allá donde la oscuridad los lleva. Nadie puede saber cómo o cuándo ocurre». Me puse a llorar sin remedio, mientras Meadow me sentaba en un banco. Gor se había ido. Se había ido y no iba a volver. Había perdido al único amigo que tenía, el único que me cuidaba y comprendía. Estaba sola de nuevo.

El cura volvió con un vaso de agua y me hizo beber un buen trago. Cuando estuve un poco más calmada, me dijo: «Aunque quizás este caso sea distinto». Yo le miré sin comprender y continuó: «La verdad, en todos mis años nunca había oído nada parecido. Cuando os vi juntos, enseguida lo noté: ese monstruo y tu tenéis una conexión muy fuerte. Jamás había pasado algo así. Los demonios están hechos para odiar a los humanos, no para amarlos». «Entonces…» empecé a decir yo, el padre me miró y dijo con una sonrisa: «Algo ha cambiado en ese ser y ha sido gracias a ti. Estoy seguro de que lo recordará siempre, esté donde esté».

Al cabo de nada, salí de la iglesia y volvimos todos juntos a casa. En el contestador teníamos varias llamadas, todas de gente preocupada por mi: una de la señora Flitwick, otra de la directora del colegio y otra de la madre de Rossy. Al parecer, Rossy se había puesto muy triste desde que se enteró de mi accidente y quería decirme algo por teléfono. La llamamos a su casa y cuando ella se puso, me contó llorosa que lo sentía mucho y quería volver a hacer las paces conmigo. No pude hacer más que sonreírle y decirle que sí y que nos veríamos mañana.

Al final he perdido un amigo, pero he podido recuperar otro. Creo que con eso tengo suficiente por hoy, diario.

FIN

Y así concluye Mi gran amigo Gor! Ha sido un duro camino, pero ha merecido la pena. Me ha encantado trabajar en esta obra y poder desarrollar de la nada unos personajes tan característicos. He puesto mucho esfuerzo en cada palabra para que este sea uno de los mejores relatos de este blog, y espero haberlo conseguido. Estoy muy orgulloso de mi trabajo y espero que os haya gustado tanto como a mi vivir las aventuras de Vecky y Gor.

Pero no os penseis que la historia de Gor ha acabado. Le he cogido demasiado cariño a estos personajes como para dejarlo solo en esto. Aunque por ahora me gustaría dedicar mi tiempo en otras cosas, quizás algún día Gor vuelva a visitaros de nuevo. 😉

No olvideis comentar vuestras opiniones, reflexiones y sentimientos aquí debajo! Y como diría un gran amigo mío: Gooooooooooooooooooor!

Capítulo 40: El último que queda

Este texto está diseñado para ser leído dos veces. Como todas las buenas ideas, me vino mientras me duchaba. Disfrutadlo.

Soy el último que queda. Todos los demás han sido capturados sin compasión. Qué voy a hacer? Debería huir o intentar salvarlos? De un modo o de otro, no sé si podré conseguirlo. No dispongo de armas y nunca he destaco por mis habilidades de lucha. Lo único que tengo es mi ingenio y mi capacidad de improvisacion. No es un gran consuelo…

El enemigo está por todos lados, pero por suerte el terreno boscoso ofrece muchos escondites. Desde el mío puedo avistar la base enemiga, situada entre cuatro grandes árboles que forman un cuadrado. Ahí es donde se encuentran mis compañeros capturados.

Doy un suspiro. Podría escapar y esperar a que todo se acabara, pero entonces estaría dejando de lado a mis seis amigos y amigas, mis camaradas. Pero si fracaso en mi intento de rescate, todo habrá acabado y la deshonra caerá sobre todos. Dios, porqué me metí en este juego?

Al final, decido salir e intentar un rescate sigiloso. Voy avanzando despacio, ocultándome de árbol en árbol, procurando no ser visto. Mierda, oigo pasos. Me quedo muy quieto, con la espalda pegada al tronco, mientras las pisadas se acercan. Oigo a un par de ellos conversar tranquilamente. Cada vez los oigo más cerca, el sudor gotea por mi frente. Pero las pisadas pasan de largo. Me espero un segundo y luego, sigo avanzando con sigilo.

Cada vez me voy acercando más a la base y a mis compañeros. De pronto, oigo un ruido y me echo al suelo, tras una roca. El corazón me late con fuerza, me quedo quieto, con la cara hundida en la hierba, hasta que comprendo que el sonido que oí era el de un pájaro. Uf. Me levanto tras la roca y veo a uno de ellos a quince metros de distancia, mirándome fijamente. Empieza a gritar.

Rayos. Adiós al rescate sigiloso. Empiezo a correr como un condenado en dirección a la base enemiga, mientras el que gritaba me persigue. Queda muy poco trecho, quizás lo pueda conseguir.

Al tipo que gritó se le unen los dos que oí conversar antes, pero gracias a mi cuerpo ágil, no consiguen alcanzarme. De repente, aparece otro justo delante mío, pero consigo hacer una finta y lo esquivo. Otros dos se lanzan sobre mi desde detrás de un par de árboles, pero otra vez mi cuerpo ágil consigue evitar que me atrapen, encontrando un hueco entre los dos.

Quizás sí que tenga alguna cualidad más a parte de mi intelecto. Estoy llegando a la base, donde ya puedo ver a mis compañeros y aún no han conseguido pillarme. Ya puedo oler el sabor de la victoria, cuando un fuerte brazo coge el mío y me impulsa hacia atrás. El enemigo, más grande y fuerte que yo, no deja que avance un paso más. Mierda. Tenía tantas ganas de llegar que no vi como se me acercaba uno de ellos por el lado. Todo ha terminado.

Y en efecto, todo ha terminado. Suena la campana del fin recreo y todos empezamos a andar hacia el colegio. El niño que me sujeta el brazo se va a reír con sus amigos ganadores, mientras que mis compañeros de equipo me dan palmadas en la espalda diciéndome que ya habrá más suerte la próxima vez que juguemos. Yo asiento y les doy las gracias, mientras contemplo la pineda, hogar de todos nuestros juegos de infancia, preguntándome qué me habrá puesto mi madre en el bocadillo.

FIN

PD/ Mai us ha passat que heu tingut una idea molt gran a la dutxa? Creieu que es podrien fer brainstorming’s amb sis o set nois i noies ficats a la dutxa? Ajudaria a la creació d’idees?

PPD/ No em prengueu per pervertit, anirien tots en bañador.

 

Capítol 37: Joc de Nens

Recordo quan érem petits i jugàvem a crear fantasies imaginaries. Fantasies copiades de la televisió i els videojocs, clar, pero éren nostres perque les vivíem día a día. Sense barreres ni fronteres, experimentàvem, barrejàvem i creàvem ilusions i aventures infinites.

Era un joc de nens: inocents i purs corríem per el pati creant el nostre món privat. Els columpis eren fortaleses, les fonts eren cascades d’aigua, els gronxadors eren coets interestelars i els arbres, cases on refugiarse de tot mal. Amb això véiem les coses no tan sols com eren, també com podien arribar a ser. Tot era menys petit i definitiu, més posible i divertit.

I mentres, nosaltres interpretàvem els nostres papers. Herois de l’imposible, lluitàvem contra monstres malvats, bruixes dolentes i dracs ferotges. De vegades intercanviàvem els papers i érem els nosaltres els dolents, pero sempre amb un somriure de diversió a la cara.

Pero un dia tot això es va acabar. El gris va caure sobre les nostres vides i ja no hi va haver més dracs ni princeses, no hi va haver més aventures ni dolents. Només hi havien els videojocs i la tele, que miràvem amb resignació i atordiment. Ja no érem herois invencibles, sino petites feres que intentàvem sobreviure.

Perque ja no jugàvem al nostre joc de nens, blanc i simple, sino a un de més complexe i obscur. Sense adonar-nos ens havíem ficat (o potser emputxat) en una roda de la qual no podíem sortir ni escapar. Era el preu que havíem de pagar per creixer i jugar com adults: havíem de perdre la infancia.

Tot i així, no tot va quedar destruit, els nostres records segueixen intactes, i amb ells, tot el que vam viure i apendre. Potser ja no podem correr despreocupats pel patí, pero podem seguir imaginant mons nous i continuar sent herois i princeses, sempre que ho volguem. I que ens deixin tenir temps.

FI

http://grooveshark.com/s/Coses+De+Nens/2NjepF?src=5

PD/ Dedico aquest escrit al nen interior que teniu tots dintre. Cuideu-l’ho i no el perdeu mai! 😉

Capítol Especial Convidats: Alßetta

Bueno, seguim amb els capítols d’escriptors convidats. Avui tenim una altra de les meves ciber-amigues, bloguera al tumblr (http://rainbowafterstorm.tumblr.com/) i gran gran gran seguidora d’aquest blog des del seu inici, l’Alßetta! A ella també li feia il·lusió escriure, així que aquí la teniu. Disfruteu-la, que ha suat molt per fer-ho!

El darrer estiu

Tot va començar una bonica tarda d’estiu. “Que bonic! I que tòpic!” Doncs sí. A més, per acabar d’arrodonir els tòpics, havia quedat amb un noi, amb el noi que feia mesos que em torbava, que m’encantava, que em tenia enamorada….

Tot semblava anar bé. Una passejada pel parc d’atraccions, ple de gent. I mentrestant, una mà juganera que en buscava una altra, amb les ungles vermelles i curtes, una mica mossegades, uns cabells que, darrere d’una diadema buscaven aquella espatlla tapada per una camisa de quadres verda, groga i blanca, aquelles orelles que, amagadetes rere els cabells, el tornaven boig… i sobretot, el coll, llarg i blanc, amb olor de vainilla, el qual una boca juganera volia mossegar… i aquells ulls de color mel acompanyats de la cara rodona amb barba de tres dies que em feien dubtar en quin planeta vivia.

I entre  mans, ulls, cabells i orelles, la passejada ens va portar a sota d’una nòria, d’una roda de fira. I els ulls de mel em van convidar a pujar-hi. I jo, nerviosa… com m’hi podia negar? I allà hi estava, amb la ciutat sota els meus peus i atrapada entre les seves mans juganeres i els seus ulls dolcíssims. I allà dalt, com era de veure… va arribar aquell petó esperat. Les galtes totes vermelles, les mans agafant-se com si no hi hagués res més al món, i els cors bategant acompassadament. “Oh, que romàntic! Quin moment més dolç!” Doncs sí, massa i tot. La seva dolçor és el que al final em va portar cap a l’ós de peluix.

Després de la nòria, vam anar a perdre’ns entre les casetes de tir i les de punteria, on van caure el segon i el tercer i el quart petó de maduixa madura… i en les que Ell al veure els meus ulls color de gespa aturar-se emocionats sobre d’aquella bèstia peluda, impossible d’aconseguir, va intentar fer realitat la meva fantasia. Encara no he arribat a saber quants diners es va deixar disparant als globus a tort i a dret, provant d’encertar les anelles dins del pal o bé, subornant a l’home de les casetes de punteria… el fet es que, al cap d’un parell d’hores, aquell osset de peluix ja era tot meu. Qui podia imaginar-se que aquell peluix adorable i preciós, de color moca, em faria tant de mal?

Després de les abraçades d’agraïment, amanides amb petons i més petons, i una mà que, juganera, buscava una esquena sota la samarreta… vam decidir marxar del parc. I amb l’ós sota el braç, mentre l’altre buscava la seva esquena, la passejada ens va portar a casa meva. No cal que us expliqui què ve ara, és massa previsible. Si voleu saber si es va quedar a dormir, la resposta és SÍ. I si voleu saber que va passar després, la resposta és que aquell estiu amb ell va ser ple d’emocions, petons, abraçades i passejades. Però l’estiu es va acabar, i Ell se’l va emportar dins la seva maleta, cap al país d’on havia vingut.

I quan ell va marxar… l’ós em recordava els moments viscuts, aquella emoció de les mirades fortuïtes, les notes a les butxaques de la jaqueta, aquelles vacances al seu costat, l’acampada sota les estrelles… i quan el trobava a faltar, en comptes de plorar, abraçava tant fort a l’osset, que creia que li saltarien els punts del cosit.

Però, l’hivern, al venir, va posar les coses a lloc. Seria difícil d’oblidar la seva absència, tot el que m’havia donat, el que havíem viscut… i jo, no estava preparada per fer-ho. I amb una maleta, l’osset i una bona jaqueta, vaig emprendre el viatge per anar-lo a trobar. I la casualitat em va fer veure que el meu noi dels ulls de mel, dels petons dolços de maduixa i de les abraçades infinites, en realitat no era més que una fantasia, algú que realment feia el mateix amb totes les noies, regalant óssos de color moca, petons i abraçades que buscaven esquenes.

No us penseu que llavors vaig plorar, no. Me li vaig plantar al davant, vaig mirar per darrer cop aquells ulls de color de mel, aquells llavis massa ensucrats i vaig deixar l’ós de peluix allà amb ell. I entre llàgrimes de sal, cadascuna més salada que la següent, negava l’evidència, però dins meu sabia que aquest engany em faria més forta, que m’ajudaria a crèixer i a descobrir que la vida, de vegades, no és tant dolça com sembla…

FI

PD/ Música suggerida:

PPD/ Tampoc sigueu gaire durs amb les crítiques, que ella també es escriptora novata. Un petó i gràcies, Alßetta! ^^

Capítulo Especial Invitados: Angie

Ayer, una de mis grandes ciber-amigas, seguidora regular de este blog y escritora novata Angie, me envió un documento que había escrito hace poco para su novio. Me gustó tanto que le pregunté si podía ponerlo en mi blog. A ella le gustó la idea y a mi me venía bien para rellenar entre tormenta y tormenta. Así que aquí os lo dejo, para que lo disfrutéis vosotros también.

Caer en tus redes, tejidas ayer, que me atrapan, que me envuelven. Tus redes, dulces y a la vez amargas, como un cuento de final trágico. Tus redes, de las cuales nunca podré escapar y de querer no quiero, porque es allí, tan solo allí, donde tengo todo lo que quiero, donde los sueños no son solo sueños, donde la historia muda, donde tú, tan solo tú, pones las palabras. Tú, mi director y guionista, ¿y yo?… yo tu musa, la que te inspira un argumento lleno de aventuras por contar, algunas por vivir y sobretodo disfrutar. Aventuras, algunas de las cuales mejor callar. Aventuras, en las cuales tú me llevas, me guías, cogiéndome de la mano, colando en libertad. Volar, por encima de mis penas, cumpliendo mis sueños. Sueños, que solo tú, ilustre soñador, conseguiste cumplir. Soñador, que mis sueños desde lejos divisaste y te propusiste hacer realidad. Realidad, que nunca quiero que acabe. Acabar, algún día tendrá que hacerlo y no quiero. Querer, a ti, tan solo a ti, mi soñador, mi aventurero, mi guía en este camino. Camino, a tu lado, de la mano, paso a paso. Y a cada paso, me paras, te miro, me besas, sonrío, nos miran, seguimos. Seguimos, caminando por un camino, nuestro camino, lleno de flores y colores que anulan por completo todos y cada uno de mis miedos y temores. Temor, a perderte, a no verte, a no tenerte, a quererte demasiado. ¿Quererte demasiado?, nunca, nunca te querré demasiado. Quererte, como nunca he querido, como nadie a sentido. Sentir, tu corazón latiendo, cada vez más y más fuerte. Más fuerte, contra más me acerco, y te toco, pecho contra pecho mientras nos fundimos en un beso. Un beso, que pone de punta el bello mientras siento tu corazón contra mi pecho. Tú corazón, late tan fuerte que es capaz de sincronizarse con el mío. Mío, este momento tan bonito, tan largo y a la vez tan breve. Largo, para aquellos a los que no se le para el tiempo; tan largo que contando tus latidos me entretengo. Breve, para los que quieren que dure para siempre. Siempre, hasta la palabra acaba. Acaba, todo menos los recuerdos, que duraran en mi mente.

FIN

PD/ Angie quiere q escuchéis esto:

PPD/ Si tu me conoces, yo te conozco y quieres que tu escrito sea publicado como el de Angie, envíame un correo con tu escrito aquí:

abismosliterarios@gmail.com

Yo lo leere con mucho gusto y juntos decidiremos lo que haremos con el.

PPPD/ Gracias Angie por compartir tus palabras! ^^