Voz (IV)

Era su primer día de trabajo y David ya se había encerrado en el baño. Dentro de su cubículo, sentado en el lavabo, su pierna no dejaba de temblar. Intentó respirar hondo y serenarse, recordando lo afortunado que era por tener otra oportunidad y lo mucho que necesitaba éste trabajo, pero no hizo más que agrandar el problema. 

Cuando consiguió calmarse un poco, fue tambaleándose a lavarse las manos. Después de mojarse la cara, se miró en el espejo del lavabo y su reflejo no le alivió. Tenía ojeras y su pelo negro le caía por todos lados, desaliñado. Intentó recomponerse como pudo y salió del lavabo.

Recorriendo los pasillos con torpeza, David consiguió volver al comedor, donde el murmullo de una veintena de pacientes tomando el almuerzo llenaba la sala. 

-Has estado un buen rato ahí, espero que hayas dejado el baño limpio -Le dijo el otro celador.

-P-Perdona, es que.. -tartamudeó nervioso. Se había olvidado por completo del nombre que le había dado apenas unos minutos atrás.

Percibiendo su inquietud, el otro celador soltó una carcajada.

-No te preocupes -le animó, dándole unas palmaditas en la espalda-. Al menos hoy están tranquilos. No creo que nos den demasiados problemas.

De pronto una risa retumbó por toda la habitación. Una paciente se levantó de la mesa, y empezó a gritar al aire.

-¡Lo sabía! ¡Sabía que volverías! -exclamó triunfante, subiéndose a la silla-. ¡Ésta vez no pienso dejarte escapar! ¡Tenemos muuucho trabajo que hacer!

El murmullo silencioso que había en la sala se convirtió en un alboroto. Algunos pacientes aplaudían, otros se sumaban a los gritos y unos cuantos intentaban callar el ruido con más ruido para seguir con su comida.

-Voy a calmarla -dijo el otro celador, acercándose a ella-. Ya está bien de juegos, Laura.

Le tocó el hombro y el brazo del celador empezó a arder. El fuego se extendió rápidamente por todo su cuerpo, mientras gritaba e intentaba apagarlo, en vano. Un instante de silencio precedió al caos. Otra gente empezó a gritar y correr hacia fuera y dentro de la sala. Una enfermera se acercó y cogió un cuchillo de la mesa, intentó resistirse, pero se clavó el arma en ambos ojos y su corazón

La chica, que no se había movido, se bajó de la mesa y se acercó al cadáver de la enfermera.

-Eso es para que aprendas a no mirarme con mala cara, puta -dijo, puntualizando el insulto con una patada al cuerpo.

En ese momento ya no quedaba nadie en la habitación. Nadie, salvo un chico con el pelo negro desaliñado. La muchacha se giró hacia él y le sonrió.

-Ah… Así que eres tú – le dijo con tono meloso-. Te he estado esperando.

David no respondió. Las palabras se habían congelado en su boca mientras un sin fin de preguntas no dejaban de formarse en su mente: ¿Qué estaba pasando? ¿Quién era ella? ¿Por qué le estaba esperando?

-Tranquilo, David todo se aclarará en su momento. Por ahora lo que debes saber es que me llamo Laura y soy yo la que ha hecho todo ésto -dijo, abriendo los brazos y señalando a ambos cuerpos en el suelo.

-T-tú… ¿L-los has matado? -preguntó él, aún incrédulo.

-Sí, lo hice -contestó, desapasionadamente-. Pero no te preocupes, sólo eran personajes secundarios sin importancia, ni siquiera tenían nombre. No eran como tú y como yo.  Nosotros somos protagonistas, la historia nos sigue, no puede haber narrativa de otro modo.

Otra vez, la confusión le paralizó. La situación, las acciones y las palabras de esa chica no tenían ningún sentido.

-Al contrario, tienen todo el sentido del mundo -siguió hablando-. Una vez conoces la verdad que esconde éste mundo, la verdad que su voz me ha revelado.

Laura se quedó expectante, impaciente porque David formulara la pregunta. Pero no iba a hacerlo, no iba a darle esa satisfac…

¿Qué verdad? -dijo David, sorprendido. Las palabras habían salido de su boca sin que él las hubiera enviado allí.

En mitad de su estupefacción Laura sonrió, acercándose más y le dijo:


-Que esto es una historia ficticia y que somos personajes atrapados en ella.

David siguió callado, paralizado por el miedo y la perplejidad. Sólo tenía una cosa clara: Laura estaba totalmente loca.

-No, no estoy loca -continuó, antes de que David dijera nada-. Aunque te comprendo, al principio yo tampoco entendía lo que me pasaba… Hasta ese fatídico día. Aún no se porqué, pero en ese momento, algo despertó dentro de mí y empecé a escucharla: la voz del narrador.

Laura siguió hablando con la cabeza agachada, perdida en su monólogo. 

-Esa voz que dictaba mis acciones y pensamientos a la perfección me tenía atrapada. Yo no quería formar parte de su historia, pero me seguía a todas partes, e incluso a la gente que tenía cerca. En cuanto me di cuenta de que no podía escapar me sentí perdida, esclavizada a un destino que no podía elegir. Y fue entonces cuando tuve una idea.

Se giró hacia él y David retrocedió unos pasos. La sonrisa de Laura estaba carente de alegría, era la que se encuentra al otro lado de la locura. 

-Ya que formo parte de ella, ¿Y si yo pudiera influir en la historia? ¿Y si pudiera cambiarla? Necesité algo de práctica pero con el tiempo lo conseguí. Sí, aún lo puedo sentir dentro de mí, recorriendo mi cuerpo como electricidad: el poder de la creación, la capacidad de manipular el universo a mi antojo.

David se sorprendió a sí mismo reuniendo el coraje para preguntar:

-¿P-por eso los mataste? ¿Sólo porque podías hacerlo?

Laura tomó una pose pensativa, casi coqueta, antes de responder.

-En parte sí. Y en parte también por despecho. Despecho a éste mundo, que nunca me ha tratado bien. Además, ya te lo he dicho, sólo eran personajes sin importancia en una historia. Nadie les va a echar de menos.

La sonrisa demente no se había ido de su cara, y se ensanchó más cuando dijo:

-Pero esto no se acaba aquí, es sólo el comienzo -hizo un gesto con la mano y una espiral azul apareció en mitad de la sala.

David no podía apartar la vista de ella, era algo completamente surrealista, como si la realidad no fuera más que una fina lámina de papel y aquella espiral fuera un agujero que la atravesaba.

-Ésto nos llevará al otro lado. Vamos -comandó Laura.

-No -dijo David con voz firme-.

A pesar de haberlas dicho en un tono normal, esas palabras retumbaron por toda la sala y frenaron a Laura, que se giró lentamente y preguntó:

-¿Qué has dicho? Creo que no lo he escuchado bien, pero me ha parecido que te negabas.

-N-no dejaré que vuelvas a mat… 

A David se le rompieron las piernas y cayó al suelo, soltando un grito de dolor.

-¿Crees que tienes opción?-le preguntó Laura mientras se le acercaba, la rabia impregnando cada una de sus palabras-. No, tú y la voz sois mi única salida, mi llave al otro lado de la historia. Tenemos muchas cosas que hacer, muchos sitios que explorar y mucha miseria que repartir.

-N-no… No p-puedes… -volvió a repetir David.

Laura apretó los puños y a David se le retorcieron los huesos, haciéndole chillar en agonía.

-Ya te he dicho que no tienes opción -continuó hablando ella, acercándose aún más-. No eres más que una herramienta con la que cumplir mi propósito.

David abrió los ojos.

-Tienes razón… Ahora lo veo.

Laura sonrió y le dijo:
-Bien. Ahora se un buen chico y arrástrate hacia el portal.

A David se le caían las lágrimas cuando susurró:

-Perdóname.

– ¿Qu…? –se interrumpió antes de que el cuchillo saliera volando por el aire y se clavara en su sien.

La sorpresa dejó a Laura sin palabras, mientras un hilo de sangre caía del corte.

-Tu… ¿también…? -Pudo preguntar antes de caer inconsciente.

El silencio invadió de nuevo la sala. David, con lágrimas de dolor y pena, se arrastró como pudo hasta el cuerpo de Laura. Cogió su cabeza con delicadeza y la posó en su regazo. Una vez liberada de la locura, se la veía tranquila. 

Lo había hecho él. Él la había matado. Pero no hubo otra opción, ¿Verdad? Tenía que detenerla de algún modo. Los remordimientos y la desesperación invadieron su mente, acompañados por esa voz que los martilleaba en su cerebro.

Rió. Así que esto es lo que le pasó. Normal que la pobre niña perdiera la cabeza. Sí, había hecho cosas horribles, pero también era una víctima de la historia, condenada a sufrir por el destino que le habían escogido. David deseó que nada de esto hubiera pasado. Lo deseo con todas sus fuerzas y aunque sabía que era inut…

Laura despertó en su piso, un poco desorientada. Había tenido una pesadilla que no podía recordar, pero de pronto le invadió un sentimiento de optimismo. El trabajo que le había costado tanto ya estaba terminado en su ordenador y esa tarde tendría una de sus charlas con Marta en la cafetería. Todo estaba en su sitio y era como debería ser.

Mientras, en un hospital del que ella no sabía nada, los pacientes y empleados estaban teniendo una mañana tranquila, libres de horrores y de recuerdos. Todos salvo David. Porque los hechos deben ser recordados. Porque la historia tiene que continuar. Porque nadie puede escapar de ella.

Gracias por llegar al final de la historia. Si os habéis quedado con ganas de más u os quedan dudas pendientes, os recomiendo volver a leer los anteriores capítulos y encontrar el secreto que esconden.
Pero si no os veis con ganas de romperos el coco o si necesitáis pistas para encontrarlo, sólo tenéis que hacer clic aquí.

Voz (I)

Voz (II)

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