Capítulo Especial: Retorno

Hacía tiempo que quería hacer un capítulo especial que fuera una aventura interactiva. Hoy por fin lo he conseguido, aunque ha resultado ser más oscura de lo que me esperaba. Ésta es una aventura para aquellos a los que les gusta explorar, descubrir misterios y no les asusta adentrarse en lo desconocido. Observad cada detalle para descubrir los secretos que hay ocultos por ahí. Y si os hace falta música para crear ambiente, usad esta. Espero que os guste y que consigáis llegar al final. Mucha suerte.

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Capítulo 72: Preciado Tiempo

Ahora mismo estoy trabajando en un gran proyecto del blog por lo que no he tenido tiempo de poner nada. Pero he encontrado un momento para escribir este pequeño texto. ¡Espero que os guste y nos vemos pronto!

Bosc Endins

Hoy, por un instante, el mundo se ha tomado un descanso y ha quedado en silencio. No más gritos ni ruidas. No más mentiras absurdas ni verdades disfrazadas. Sólo calma y nada más.

Hoy, por un día, no parece que la ciudad se me fuera a derrumbar encima. la vida, en lugar de empujarme al vacío, me coge de la mano y me acompaña. Es un día de tregua y redención.

Hoy, por un segundo, he vivido sin preocupaciones ni miedos. Sin frustraciones ni dudas. Sin sentirme extraño ni hundido, menos de lo que soy en realidad.

Hoy, por un momento, siento que soy algo más que un punto perdido, una persona anónima entre un mar de incertidumbre. Siento que yo soy más yo, que todo mi cuerpo y mente son míos, que soy más auténtico y puro.

Camino con la certeza de que este sentimiento no será eterno. Que mañana volveré a caer y a rendirme, a atormentarme por mis errores. Pero hoy no es un día de derrotas ni fracasos. Hoy puedo sonreír al pasado, afrontar el futuro, disfrutar el presente.

Camino sin perder la esperanza de que este día volverá de nuevo, de que mañana el mundo será un lugar menos triste, de aún queda tiempo para cambiar y encontrar las respuestas.

Camino y no me importa hacia dónde vaya.
Porque hoy, por un tiempo, soy feliz.

Capítulo 71: Fría Mañana

Qué bien sienta volver. ^_^ Esta vez me voy a quedar más tiempo, de verdad. Tengo muchas historias que espero poder escribir y también espero que aún estéis ahí para leerlas. En cualquier caso, espero que la disfrutéis. ¡Feliz San Jordi!

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Recapitulación y Progresos

Este ha sido un año de muchos cambios en mi vida.

A principios de 2013 dejé los estudios universitarios que llevaba haciendo desde hacía cuatro años. Hizo falta todo este tiempo para darme cuenta que no era lo que quería y que había malgastado todo este tiempo inútilmente.

¿O quizás no tan inútilmente?

Si bien es verdad que mis notas no fueron excelentes, aprendí muchas cosas sobre fotografía, diseño, imagen, photoshop, ilustrator y demás cosas audiovisuales.

Y también aprendí mucho sobre mi mismo. Una de las lecciones más duras fue darme cuenta de que, a pesar de que la gente me trataba bien y era amable conmigo, no sabía hacer amigos. Eso me deprimió bastante y me tuvo mucho tiempo angustiado y dolorido, lo cual no ayudó mucho con mis estudios.

Pero la lección más importante me la dieron las clases de lenguajes de programación. Allí aprendí donde estaba mi verdadera vocación, lo que de verdad quería hacer antes o después de acabar la carrera (y resultó ser antes).

Y así decidí empezar una nueva etapa en mi vida: el ciclo de Desarrollo de Aplicaciones Web. Era un buen momento para empezar a tomar las decisiones correctas y mejorar todos los aspectos de mi vida: social, sentimental, educativo y laboral. Veamos como ha ido:

Social: Excelente, he superado parte de mi fobia a interactuar (aunque solo sea durante la clase) y he podido hacer amigos durante el curso. He aprendido a tolerar más esas situaciones que antes me angustiaban y a superarlas con paciencia y dedicación. Estoy orgulloso de los progresos que he hecho en este aspecto y me siento muy feliz por ello.

Sentimental: Recientemente, he conocido a una chica que esta llenando los huecos de lo que creía mi corazón vacío y solitario. Una persona que está ayudando a redefinirme, a sentirme mejor conmigo mismo y apoyándome en todo lo que hago. Con ella puedo ser yo mismo y arrojar mis dudas al fuego. En fin ya os hablaré más de ella en otro momento. Sólo quería ilustrar lo mucho de bien que me hace esa persona, especialmente en estos momentos de cambios.

Estudios y Trabajo: Bueno, no todo serán buenas noticias. Sigo teniendo que trabajar en estos aspectos, pero almenos no han empeorado más de lo que estaban y en cierto modo he mejorado, aunque no lo suficiente. Pero espero que el subidón de mi nueva vida y sentimental me ayude a esforzarme más durante el próximo año, donde empezaré un “nuevo” ciclo de Desarrollo de Aplicaciones Multimedia (donde las asignaturas son casi las mismas, pero diferente).

Hablando de eso, tengo muchos cambios pensados para el blog. Espero veros pronto en la nueva versión de Abismos Literarios.
Hasta la próxima 😉

PD/ Acabaré la historia del capítulo anterior, sólo necesito tiempo y paciencia.

Capítulo 70: Límites

A la sombra del muro

Recuerdo muy bien el día en que cruzamos el muro. Éramos mi padre, mi madre, mis abuelos y yo en mitad de la cola más larga que jamás había visto. Salía desde la base de la muralla y continuaba en línea recta hasta llegar a casi un cuarto de kilómetro de distancia. Toda una fila llena de gente apretujada una contra la otra y cargando en maletas sus escasas posesiones.

En aquel momento sentía una emoción increíble danzando en mi pecho. En la escuela, siempre que las clases eran aburridas (lo cual pasaba la mayoría de las veces), miraba por la ventana del aula y contemplaba el muro. Fantaseaba con lo que podría haber tras esos 300 metros de dura piedra y soñaba con poder cruzarlo y descubrir por mi mismo esas maravillas que sólo existían en mi imaginación. Pero en el fondo sabía que eso no pasaría, que sólo eran sueños de niño. La única forma de traspasar el muro era con una migración y mi abuelo, que había visto pasar ya seis migraciones, decía que teníamos más probabilidades de ganar la lotería que de ser elegidos para una. Por ello, cuando nos enviaron una carta anunciando que nuestra familia había sido seleccionada para la próxima migración fuera de las murallas no podía ni creerlo. Tras doce años a la sombra del muro, por fin vería con mis propios ojos lo que había más allá.

Pero al mismo tiempo tenía miedo: ese absurdo terror infantil que surge cuando estamos a punto de conseguir lo que más deseamos. ¿Y si al final no había suficientes plazas para la migración? ¿Y si hubiera habido algún error de papeleo y nuestra familia no había sido seleccionada? ¿Nos tendríamos que quedar apartados, mirando impotentes como otros cruzaban al otro lado del muro?

Además, ese día había muchos centinelas vigilando a ambos lados de la fila. Destacaban entre la gente con sus armaduras negras que les cubrían todo el cuerpo, sus cascos oscuros que nos impedían verles la cara, sus pistolas gigantes que siempre llevaban listas para disparar y su postura firme que los hacía parecer estatuas. Todos los de la cola nos sentíamos incómodos al verlos. Los niños lloraban, los padres se revolvían inquietos, las madres dirigían su vista hacia otro lado. Dejadme aclarar, no es que no estuviéramos acostumbrados a ellos o que nos resultaran extraños: siempre que mirabas el muro allí estaban los centinelas, patrullando en la cima o subiendo y bajando por las plataformas gravitatorias. Pero los veías como pequeñas siluetas negras destacando entre la inmensidad gris, casi inofensivas incluso, aunque siempre presentes. En ese momento estaban ahí abajo y, a pesar tener la misma estatura que nosotros, a todos nos parecían que eran gigantes en comparación.

En el colegio habíamos oído historias sobre lo que te podían llegar a hacer si intentabas traspasar ilegalmente el muro, todas ellas exageradamente crueles y macabras. Yo las tomaba por cuentos para asustar a los críos, pero el ver a los centinelas de cerca me hizo pensar si no serían ciertas o si eran quizás algo más suaves que la realidad. Mi padre se ponía en tensión cada vez que uno de los guardas pasaba a nuestro lado y me agarraba por los hombros en un gesto protector.

Por suerte, la jornada transcurrió sin incidentes. La gente avanzaba lenta aunque ordenadamente, acercándose cada vez más a la base de la muralla. Ya habíamos llegado al atardecer cuando nuestra familia consiguió traspasar el último de los controles que había al pie de la construcción y entrábamos en los túneles de salida. Dentro hacía frío, la sensación de estar rodeados de tantas toneladas de piedra no era agradable y mi abuela se quejaba todo el rato de que le dolía la pierna con tanta humedad. Pero seguíamos avanzando, porque delante de nosotros estaba lo que siempre habíamos deseado: la libertad, brillando al final de la negrura eterna.

Cuando cruzamos el túnel lo primero que pasó por mi mente fue que al otro lado del muro había dos cielos: uno naranja como el ocaso y otro azul como el mediodía. Luego me di cuenta de que aquello no era el cielo, sino una inmensa masa de agua: el mar.

Había leído sobre el océano en los libros de texto, pero nunca habría imaginado que sería así: tan inmenso que hacía empequeñecer el muro que dejaba detrás, tan vasto que apenas podías percibirlo, tan gigantesco que nunca podías acabar de verlo.

Los centinelas nos hicieron subir deprisa a los autobuses que nos llevarían a nuestras nuevas residencias. Pasamos el viaje en silencio, contemplando las calles de la ciudad que a partir de ese momento llamaríamos hogar. Parecían mucho más limpias y civilizadas que las de antes. Incluso vi a un grupo de niños jugando a la pelota en una esquina. Intenté mirar hacia atrás para volver a ver la muralla, pero mi madre me hizo girar la cabeza, como si contemplar por dónde habíamos venido nos pudiera hacer retroceder hasta allí.

El autobús paró frente a una pareja de bloques de pisos de color gris y todos los pasajeros nos bajamos allí. Frente a los edificios había varios centinelas, junto a un hombre calvo de avanzada edad. Nada más llegamos a pisar el suelo, los centinelas separaron a los padres de sus familias, dirigiéndolos a otra zona de la urbanización. Hice un gesto para agarrar la mano del mío, pero éste me lo impidió diciendo: “Tranquilo Jake, estaréis a salvo. Me aseguraré que no os falte de nada y vendré a veros cuando pued…”, antes de que un centinela le empujara y se lo llevara bruscamente.

Entonces habló el hombre calvo que los acompañaba, que resultó ser el guía que nos mostraría las instalaciones. Yo y los otros niños no podíamos dejar de llorar mientras el hombre seguía parloteando. Pensábamos en nuestros padres y en que, a pesar de haber traspasado las murallas, seguíamos en cierto modo a su sombra, todavía encerrados y sin libertad.

FIN

Capítulo 69: Volveré

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Empiezo una nueva página, cargado de esperanza e ilusiones, a gusto en mi frágil felicidad.
Una nueva oportunidad para empezar de cero, para conocer otra gente, para sanar la herida eterna. Otro comienzo de principio, otra partida que jugar. Y aunque el futuro sigue siendo incierto y yo ya no soy el mismo, no puedo dejar de pensar que volveré… Volveré…

Volveré a estar confuso,
por no saber de qué hablar.
Volveré a convertirme en mudo
y el silencio inundará mi hogar.

Volveré a reírme solo,
por chistes que nadie vé,
por mis tonterías de loco,
por recordar que no te olvidé.

Volveré a recorrer caminos
que hasta ahora nunca cruzé.
Volveré a seguir mi destino,
aquel que nunca imaginé.

Volveré a decir mentiras
para no sentirme agobiado.
Oscuras, perversas y frías,
me alejarán otra vez de tu lado.

Volveré a recordar tu risa,
aquella que nunca llegué a atrapar,
un instante que nunca termina,
un destello de felicidad.

Volveré a sufrir el miedo
de no poder seguir adelante,
de no poder vencer al tiempo,
de volverme insignificante.

Volveré a mirar el mundo,
buscando esta vez mi reflejo,
para dejar a un lado lo oscuro
y volar de aquí muy lejos.

Volveré a olvidar mil cosas,
que nunca quise recordar.
Volveré a pasar las horas
esperando encontrarte al soñar.

Volveré a tener inviernos,
noches tristes de muchas penas,
una estación como un infierno
que solo dura hasta primavera.

Volveré a aprender a despedirte,
a encontrar por fin un final,
una última cosa que decirte
antes de que llegue la soledad.

Pero sobretodo
volveré a soñar
porque aún hoy espero
que tu luz me llegue a salvar.

FIN

PD/ Basada en este poema que hice hace ya años: Seguiré
PPD/ Si pudiera escoger una canción para oírla durante toda la eternidad sería esta:
Tom Milsom-Pipes