Diario Espontáneo 2: Dia Triste

Esta mañana al levantarme, hacía un día totalmente despejado, perfecto para tener un buen día. He perdido varias veces el autobús, pero al final pude coger uno al mediodía. Mientras me dirigía a Gerona, vi como el cielo se iba tiñendo de un triste gris oscuro.

En clase de guión una compañera ha comentado que una chica de nuestro curso (que no estaba allí) había perdido su cartera esa tarde. En ella había toda su documentación, tarjetas y el dinero para pagar el piso. Me sentí muy mal por ella, ya que yo también he perdido muchas cosas a lo largo de mi juventud y comprendo lo que se siente en ese momento. Sientes como si el suelo se resquebrajase a tu paso, como si toda la ciudad y el mundo entero se derrumbara encima tuyo.

Momentos más tarde, hice algunos comentarios inoportunos a esa compañera. A veces me vuelvo muy temperamental y digo las cosas de forma exagerada, pero sin mala intención. Aún así a ella le ha sentado mal y a mi aún peor por eso. He tenido que salir de clase para calmarme un poco. Afuera llovía con fuerza. Grandes gotas de agua recubrían todos los ventanales. «Un día perfecto para estar triste», pensé.

Volví a clase después de mojarme un poco la cara. No pudimos avanzar mucho más. Cuando nos disponíamos a salir, oí en un portátil cercano «Mad World» de Gary Jules, canción triste donde las haya, que a mi siempre me ha emocionado. Por eso, mientras me iba, me puse a reír. Siempre es la mejor alternativa a llorar.

FIN

Banda Sonora: Mad World – Gary Jules

PD/ Más capítulos dentro de poco.

Diario Espontáneo 1: Rostro

A veces me da por contar cosas interesantes o no sobre mi vida. Por eso he creado esta nueva sección de mi blog, para tener un sitio donde ponerlas y compartirlas con mis lectores. Espero que os gusten y os hagan pensar.

Esta mañana, cuando salía hacia la universidad, me encontré con el rostro de una chica. Era una joven guapa, castaña, de estatura media y ropa sencilla. Pero lo que llamo la atención fue su cara: no era como una de tantas que ves por la ciudad -vacías, inexpresivas, sin emoción-. Aquella cara era el verdadero rostro de la tristeza, la viva imagen de la soledad, parecía que si soplara mucho el viento pudiera derrumbarse y empezar a llorar. No pude adivinar el porqué de esa tristeza, quizás tuvo una pelea con su familia, quizás tuvo un desaire amoroso, quizás simplemente se encontraba sola y perdida en esta gran ciudad. Aunque no podía entender su tristeza, empaticé al instante con ella y me quedé un momento embobado, observándola, cuando ella giró los ojos y me miró a mi. Al instante, gire la cabeza y crucé la calle, por timidez, por miedo, por costumbre. Pero al cruzar, no pude evitar volverme otra vez para verla de nuevo: ella seguía mirándome. Me giré y seguí avanzando, para no llegar tarde, para huir del miedo. Estuve tentado de girarme una tercera vez, pero al pensarlo me reí a mi mismo y seguí caminando: demasiado temprano para enamorarse, demasiado despierto para soñar.

PD/ Como siempre, nunca puede faltar la música: