Segundo piso

Cuando consigues calmarte quedan cinco minutos para la medianoche. Le das un último vistazo a la mujer y te sientes mal, pero no hay nada que puedas hacer por ella. Aún así, mientras vas subiendo las escaleras puedes sentir sus ojos vacíos siguiéndote todo el rato. Al llegar al rellano de arriba te encuentras un largo pasillo. No hay luz, el final del camino es un pozo de oscuridad sin fondo. Das un paso y ves que la puerta que tienes a tu izquierda se abre sola. Se mueve con un lento y leve chirrido, apenas unos cinco centímetros, lo justo para invitarte a pasar amablemente hacia el baño. No sabes si aceptar o seguir adelante.

Entrar en el baño.
Avanzar al dormitorio.
Seguir el pasillo.

Anuncios