Pasillo

Sales de la cocina para entrar en un largo pasillo en forma de ‘L’. Avanzas despacio, examinando los cuadros colgados en la pared con tu linterna. No percibes nada extraño hasta que giras la esquina y te topas con una figura sentada en mitad del pasillo. Se trata de una mujer de unos 40 años con la cabeza bajada y la espalda pegada a la pared. Cabello castaño corto, vestido verde y rojo, típico de las mujeres de los 80. A primera vista parece que está descansando, aunque cuando enfocas la luz hacia ella ves no se mueve en absoluto. Te acercas y compruebas que el vestido que lleva no tiene rojo natural, está manchado de sangre por todas partes. Mientras examinas su cuerpo te fijas en unos moretones de color amarillento que tiene en los brazos, cómo si alguien la hubiera agarrado fuertemente. Observas su cara. Encuentras dos cuencas vacías y supurantes donde debería tener los ojos. Está muerta, no hay ninguna duda. A pesar de ello, su rostro no muestra dolor alguno. Ella sonríe, como si acabara de encontrar algo que llevaba tiempo buscando. No la reconoces, aunque te resulta vagamente familiar. Empiezas a sentir mareos y nauseas, la sensación clara de que no quieres estar ni un segundo más aquí.

Salir corriendo  de la casa.

Subir al siguiente piso.